Escritos sobre Terapias Psicológicas

¿A qué llamamos profecía autocumplidora?

Paul Watzlawick, la define como una suposición o predicción que por el sólo hecho de haberse llevado a cabo convierte en real a aquel supuesto y de esta manera cierra el círculo confirmando su propia exactitud. El ejemplo más claro sería aquel niño que durante todo su crecimiento se le dice constantemente "sos un tonto", "vos no podés hacer esto", "yo lo hago por vos porque vos no lo sabés hacer bien", y muchas otras frases lamentablemente tan comunes; por lo tanto este chico al transformarse en adulto seguramente será verdaderamente un "tonto" y confirmará la acusación de la cual era víctima. Es decir que una conducta determinada provoca en los demás la reacción frente a la cual esa conducta sería la más adecuada, por ejemplo el pensamiento de un hombre: "yo trato mal a las personas porque ellas me tratan mal a mí"; cree entonces que la conducta más adecuada frente al maltrato de las personas es tratarlas a ellas de mala manera, pero lo que deja de lado es que quizás las personas lo tratan mal por su actitud agresiva hacia ellas. Es decir, con su actitud o su conducta provoca en los demás aquello que le disgusta: que lo traten mal.
En la tradición de las familias judías orientales se hacía un uso práctico de los efectos de la profecía autocumplidora: como los matrimonios eran arreglados por los padres sin consentimiento de sus hijos, se buscaba armonizar la situación a través de un casamentero profesional quien hablaba con el futuro novio "confidencialmente" y le informaba que una muchacha estaba muy enamorada de él, pero que no se animaba a confesárselo. Luego la muchacha, futura novia, era también llamada por el casamentero, quien le confesaba pidiendo que guardara el secreto, que un muchacho (el futuro novio) sufría desconsoladamente de amor por ella. Los resultados eran inmediatos, ambos jóvenes comenzaban a mirarse con otros ojos y tarde o temprano caían bajo el influjo de Cupido. El excelentísimo William Shakespeare en "Mucho ruido y pocas nueces" refleja la misma situación a través de los personajes de Beatriz y Benedicto, quienes parecen odiarse profundamente, en donde cada encuentro interpersonal es un intercambio de fuertes palabras, una escalada simétrica que pretende demostrar que no serían capaces nunca de enamorarse, y mucho menos de acceder al matrimonio; entonces los personajes más cercanos a ellos traman un plan utilizando los efectos de la profecía autocumplidora, para lograr que se amen con locura. El plan funciona. Benedicto resignifica su situación y expresa con orgullo: "cuando dije que moriría soltero no pensaba que viviría hasta el día de mi matrimonio".
Pero un final feliz a través del uso de la profecía autocumplidora es una excepción a la regla. A principios de 1973, el psicólogo David Rosenhan publicó el resultado de una investigación con el título "Estar sano en un medio enfermo" (puede leerse este artículo en el libro "La Realidad inventada" de Paul Watzlawick) en donde demuestra que ciertos diagnósticos formulados en psiquiatría no definen un estado de enfermedad, sino que lo crean. Si bien dicha enunciación cayó muy pesada en todo el ámbito científico, basta con leer el artículo para asombrarse de las verdades que en él se expresan, verdades que son simples observaciones de los hechos sucedidos dentro de un hospital psiquiátrico.
En la vida de pareja encontramos el ejemplo más claro cuando cada uno de los integrantes cree que los conflictos se deben a la actitud del otro; una esposa que se queja de que su marido no está nunca en la casa, su marido que no está nunca porque su mujer siempre se queja... y así las culpas van y vienen desde un polo al otro, sin pensar en la relación que se encuentran estableciendo y en que en toda pareja la responsabilidad es compartida.
Las personas ancianas también sufren de este tipo de profecías, superada una determinada edad se cree que ya no son capaces de realizar ciertas tareas y se los tratar como si fueran niños; pero los experimentos y estudios realizados demuestran que la creencia en el deterioro mental y físico es más grave que el deterioro mismo, porque genera una renuncia al potencial disponible y produce que al dejar de practicar ciertas actividades, se pierda la habilidad en las mismas.
El pensamiento positivo busca terminar con este tipo de cárceles mentales y permite a la persona liberarse de sus propios pensamientos negativos o de las afirmaciones que otros han realizado sobre ellas, las cuales no les permiten desarrollarse plenamente en la vida. Si sostenemos la firme creencia de que no somos inteligentes o de que no podemos estudiar porque carecemos de la concentración necesaria, entonces es más que seguro que no podremos llevar adelante una carrera universitaria. Si pensamos que somos demasiado obesos o desagradables estéticamente y que ninguna persona bella (interna y externamente) querría estar a nuestro lado, entonces seguramente por miedo al rechazo no buscaremos a ese tipo de personas y confirmaremos nuestra teoría: que no es posible que estemos al lado de una bella persona. Estas afirmaciones a veces nos llegan desde nuestros padres o entorno y las tomamos como verdaderas sin cuestionarlas: "no tenés suerte para los negocios", "los hombres no saben cuidar un hogar", "nunca vas a aprender a manejar", "no sabés cocinar", "nunca vas a recibirte", "estás loco", son sólo algunas frases que pueden quedar grabadas en nuestro inconsciente para convertirse finalmente en realidades.
Superarlas implica un trabajo de autorreflexión, muchas veces estas frases han repicado en nuestros oídos durante toda nuestra infancia y adolescencia, por lo que se necesita juntar valor para enfrentarse a ellas y decir "esto no es así" o "esto no será así, yo construiré mi futuro". El primer paso sería poder identificarlas, ya que a veces se encuentran tan arraigadas en nosotros que pasan absolutamente inadvertidas. Luego comenzar un proceso de desprogramación de las mismas para incorporar nuevas profecías en nuestra mente que sí deseamos que sean cumplidas: "seré exitosa en mi profesión", "yo puedo hacer esto", "yo soy capaz", "soy hermosa", etc.
Escuchemos si nuestra voz interior nos dice: "no" o "nunca" y ayudemos a que cambie y diga "si".

Autora: Marina Gimena Deon.
Revista Crecimiento Interior Nº 82, Septiembre del 2003







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