Escritos sobre Terapias Psicológicas

¿ROMPER LAS ATADURAS?

Para poder deshacer esos nudos que nos tienen sujetos o sujetados a ciertos momentos de nuestra historia, debemos trabajar en los registros que de esas situaciones tenemos. Uno de los mejores caminos para disolverlos es a través del cuerpo. Porque no podemos separar la psiquis del cuerpo. Cuando trabajamos con el cuerpo debemos obrar como si peláramos una cebolla. Desde afuera hacia adentro, desde el presente hacia los hechos que ocurrieron en el pasado y que provocan las dificultades en la actualidad. Todo está registrado en nuestro cuerpo. Cuando somos muy pequeños nuestra psiquis no tiene capacidad para elaborar o procesar ciertas experiencias, por ello las inscribe en lo profundo, pero como funcionamos psicofisiológicamente, las emociones quedan registradas en el soma (cuerpo).

Les propongo realizar una experiencia simple:
Cierren sus ojos e imaginen que todo lo que ustedes desean o quieren no se va a producir, no lo van a lograr, por unos cuantos segundos, un minuto, sigan pensando que no lograrán todo lo que desean, quieren o buscan...
Ahora van a abrir sus ojos y registrarán todas las sensaciones corporales que se produjeron mientras se negaban las posibilidades deseadas. Cómo era su respiración, cómo latía su corazón, sus sensaciones de frío o calor...
La segunda parte del ejercicio consiste en cerrar nuevamente los ojos, respirar lena y profundamente como para quitarse todas las sensaciones previas.
En esta etapa van a pensar que sí van a lograr sus objetivos, sí van obtener lo que desean, que sí encontrarán lo que buscan...
Nuevamente abrirán sus ojos y registrarán sus sensaciones corporales.
Esta experiencia nos da una idea de la forma en que nuestro sistema reacciona corporalmente a las sensaciones placenteres y a las displacenteras. Qué nos ocurre cuando recibimos una mala noticia, y cómo nos sentimos cuando es grata, placentera.
Sabemos que en nuestras primeras experiencias infantiles el contacto con el mundo se da a través de sentidos. El olfato que es el más primitivo, está mucho más desarrollado en los animales, puede recordarnos momentos de nuestra primera infancia, aquéllos de los cuales no tenemos conocimiento consciente. Muchas mamás que debían salir a trabajar y su bebé quedaba al cuidado de otras personas han tenido que dejar una prenda con su propio olor, para que el infante sintiera su presencia a través de ella. Otro sentido es el oído, ahora sabemos que el recién nacido recuerda el ritmo de los latidos del corazón materno, pues durante el embarazo estuvo percibiéndolo constantemente. El bebé en "la panza" sentía todos los sonidos corporales de su madre, (es un error pensar que vive en el silencio). De esta manera se lo apoya sobre el pecho de su madre para que deje de llorar. También el tacto nos acompaña en nuestro maravilloso descubrimiento del mundo... el bebé toca todo y lo que toca lo lleva a la boca, su primer lugar de contacto erógeno, por eso es un lugar de gran relevancia para el desarrollo de la libido (energía sexual de la vida) del niño. Lo primero que descubrimos son texturas y formas. El tacto incluye todo el cuerpo, no sólo las manos. (La oralidad nos acompaña toda la vida: comer, fumar, hablar... Lo que habría que preguntarse es qué estoy reemplazando al comer, fumar o hablar en exceso...). Otro sentido es la visión, el ojo nos conecta a otro mundo: el de los colores, las formas. En una primera etapa nuestro mundo es muy limitado sólo vemos una pequeña porción de él. A medida que vamos creciendo vamos desarrollando un mayor grado de independencia y podemos ir descubriendo mucho más de lo que existe a nuestro alrededor. Y nos queda por hablar del gusto, un sentido que utiliza el niño para reconocer los objetos que introduce en su boca, y comienza a diferenciar lo agradable de lo desagradable. Incluso la comida es un factor importante.
Pero también hay sensaciones que tienen que ver con los procesos corporales internos. Digestivos, respiratorios, etc.
Volvamos ahora al comienzo de la nota, así como todo esto quedó registrado en nuestro inconsciente, también quedan los recuerdos y las situaciones que se provocan alrededor de este descubrimiento del mundo. Así se plasman los conflictos, con el sutil desarrollo normal de un niño, se incorporan las situaciones familiares que acompañaron ese proceso. Por ello el educar a un niño es tan complejo, lo que puede uno pretender es cometer la menor cantidad de errores posibles, sólo un padre que da permisos, deja adquirir responsabilidades acorde a la edad y pone límites claros (no significa rígidos) brinda a sus hijos la posibilidada de crecer con los elementos para sentirse lo suficientemente seguro en sí mismo como para enfrentar las circunstancias que la vida le despliegue.
Desde pequeños vamos construyendo corazas en nuestro cuerpo y defensas que nos han servido de protección en algún momento de la vida. Con el crecimiento estos blindajes se constituyen en bloqueos, y dejan su función defensiva para pasar a tener una rigidez paralizante en muchos casos. Es importante reconocerlos y flexibilizarlos, no hay que destruirlos, pues son protectores. Pero hay que deshacer su rigidez para que podamos ser como "...el bambú que con las tormentas se dobla pero no se quiebra...".
Romper ataduras es romper con aquellos lazos que nos sujetan al dolor, al sufrimiento, al detenimiento en nuestra evolución. Dejemos la rigidez de lado, comencemos de nuevo a reaprender el camino que nos dará alegria y por ende salud.
"Todos merecemos una mejor calidad de vida..."

Autora: Lic. Monica Agras
Revista Crecimiento Interior Nº 79, Año 9, Marzo del 2002







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