Escritos sobre Terapias Florales

Las Flores de Bach
Heather (Brezo)

"No me cuentes tus problemas, sólo escucha los míos". Este es el pensamiento básico del tipo Heather, una flor que el Dr. Bach clasificó dentro del grupo de las personas que sufren de Soledad.

La característica de Heather es la de quienes tienen terror a la soledad y toman de interlocutor a cualquier persona que quiera escucharlos, o en su defecto, que aunque no los escuche, se quede a su lado mientras cuentan su vida y la de quienes los rodean, los problemas cotidianos, los males que los aquejan. Su desesperación por la compañía de otros, hace que hablen tanto, que siempre toman las riendas de las conversaciones y no permiten que otros los interrumpan, ni siquiera para dar su opinión. Si en el transcurso del diálogo cambian el tema, el tipo Heather siempre tendrá algo que decir con respecto al tema nuevo, para de allí volver la conversación a su centro de interés.
Digamos que estas personas, precisan ser el centro del mundo y de todas las situaciones, ya sea que se encuentren en la mas absoluta soledad o que se vean rodeados de gente. A tal punto que si por alguna razón no se les permite hablar, se sienten desplazados, tristes, y tratan por todos los medios de volver a tomar el control. El tipo Heather tiene angustia oral, por eso siempre necesita hablar de sí mismo y, al mismo tiempo, tiende a comer más por la misma razón. Es casi siempre de apariencia regordeta y le gustan los dulces. Como además no encuentra un modo productivo de canalizar su energía, suele mirar mucha televisión mientras "pica" algo. Siempre hay un plato con algo para comer al lado de un Heather frente al televisor. También suele dejar la radio o el aparato de televisión encendidos todo el día para escuchar sonidos en la casa, aunque no les preste atención.
El tipo Heather es muy pobre escucha, por lo cual tiene pocos amigos. Aquellos que se le acercan terminan tratando de huír de él luego de un rato de escuchar sus monólogos. Pero apenas siente que ésta se le escapa, agarra a las personas del brazo o de la ropa y les dice "Espera, todavía no te conté todo". Describe las situaciones con tanto lujo de detalle, que se vuelven largas y a veces insoportables para la gente que lo rodea. Puede pasarse horas contando una anécdota sin importancia porque se va por las ramas con mucha facilidad y pasa de un tema a otro sin recordar dónde había empezado.
El individuo Heather pagaría por ser escuchado, por eso se lo ve asiduamente en los consultorios de los analistas, los cuales con su paciencia para oírlo y su contención, cubren esa necesidad básica. Es sumamente hipocondríaco, por su necesidad de llamar la atención entre sus allegados. También va con frecuencia a ver a su médico porque siempre tiene alguna dolencia. Si existe, la agranda, si no existe, la inventa. De este modo obtiene cuidados y afecto.
Del mismo modo que el adulto Heather necesita ser el centro del universo y llamar la antención, podemos ver con claridad ese patrón de comportamiento en la actitud de un niño ante el nacimiento de un hermano. Intentará por todos los medios llamar la atención y hablará todo el tiempo, llamará a su mamá a cada instante con cualquier excusa, o gritará si es necesario para que sus seres queridos vuelvan los ojos nuevamente hacia él y le devuelvan el afecto que cree perdido. También dicha conducta esaparece con ésta floral.
Por curioso que parezca, también las plantas pueden manifestar signos Heather. Hace unos años tenía en mi casa una hermosa azalea enana en el centro de la mesa del comedor. Un día, alguien que me quería mucho me regaló un bellísimo centro de mesa de cristal tallado a mano con una carpeta de encaje hecha por ella. No podía menos que colocarla en el centro de la mesa del comedor, con lo cual la azalea fue a parar con las demás plantas que tenía bajo la ventana del salón. A los pocos días, las flores comenzaron a caerse, y una semana después, las hojas dieron visibles muestras de desmejoría, a pesar de mis cuidados. Aunque las condiciones del lugar eran óptimas para ella, la cambié a otro lugar sobre un pedestal, en un rincón luminoso y seguí cuidándola con esmero. Tres días después, la azalea yacía casi sin vida. Decidí volverla un tiempo a la mesa del comedor para ver si reaccionaba y ¡Oh sorpresa! A las dos semanas, se llenó de brotes nuevos, y creo que si hubiese sido un perrito, hasta hubiese movido la cola de alegría. ¡Volvía a ser centro! Comprendí el mensaje. La regué varias veces con Heather y la volví a colocar con las otras plantas bajo la ventana. Ya no hubo problemas: la azalea aprendió a compartir su lugar con otras plantas.
En el estado transformado, Heather desarrolla la compasión y la comprensión, dos palabras que tanto promulgaba el Dr. Bach en su filosofía. La persona se vuelve buena interlocutora. Acepta opiniones de otras personas, se vuelve más comprensiva con los problemas de los demás y deja de pensar todo el tiempo en sí misma. Entiende el sufrimiento de otros y en consecuencia, las personas se acercan en busca de su ayuda o de su compañía. En definitiva, aprende a escuchar, a compartir y a estar con la gente, con lo cual cultiva la amistad, comienza a sentir la necesidad de ayudar a otros y así logra integrarse al medio con alegría, pues ya no teme la soledad.

"Así como nos gustaría que los demás nos ayudasen a ascender por el empinado y arduo camino de montaña que es la vida, así debemos estar siempre dispuestos a tender una mano y brindar la experiencia de nuestro mayor conocimiento a un harmano menor o más débil. Así deberá ser la actitud de un padre para con su hijo, del maestro para con el hombre, o del compañero para con sus semejantes, dando cuidados, amor y protección en la medida en que se necesiten y sean beneficiosos, sin interferir ni por un momento con la evolución natural de la personalidad que debe dictarle el alma."
Dr. Edward Bach

Autores: Staff de la Revista Crecimiento Interior.
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Revista Crecimiento Interior Nº 52, Año 6, Febrero de 1999





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