Cuentos

El Tigre y la Cabra

Comentario inicial de esta redacción:
Ha llegado a la redacción de nuestra revista un sobre. El mismo contenía una carta, un libro, un cuento y una nota.

La carta:
En ella, su autor que ha preferido permanecer anónimo, nos solicita encarecidamente que publiquemos, en nuestra revista, un comentario muy somero sobre el contenido del libro, y que, si no era demasiado pedir, incluyéramos a continuación el cuento y la nota.
Luego de un intercambio de opiniones entre nuestro Staff, hemos decidido acceder a lo solicitado.

El libro:
El libro enviado trata sobre Astrología China. Su título es "La nueva Astrología China", y su autora es la Sra. Suzanne White.
El libro en su contratapa afirma que esta es una "... aproximación a una de las artes más antiguas de la historia de la humanidad: la astrología china. no todo el mundo sabe que los chinos también tienen su horóscopo, ni que lo dividen en doce signos que corresponden a doce animales distintos". Ellos son : La Rata, el Buey, el Tigre, el Grato, el Dragón, la Serpiente, el Caballo, la Cabra, el Mono, el Gallo, el Perro, y el Cerdo. A partir de esta clasificación la astrología China, describe las características de cada signo animal, sus capacidades especiales y sus problemas de salud. Si por ejemplo has nacido bajo el signo del Dragón tendrás características muy distintas a una persona nacida bajo el signo del Cerdo, de ahí la importancia de conocerlas.

El cuento:
Respecto al cuento recibido, este trata sobre la vida de un Tigre y de una Cabra y su texto es el siguiente:


EL TIGRE Y LA CABRA

Se cruzaron un día y se enamoraron a simple vista. El tigre la miró embelesado pues era una cabra realmente hermosa. Ella hizo como que bajaba la mirada. Cada uno vio una hermosa luz en los ojos del otro.
El tigre dijo:
- Hola, ¿como te va?.
- Muy bien, contestó ella, que a su vez preguntó en forma aparentemente inocente:
- ¿Tu quien eres?, mientras le corría una chispeante sensación por la columna vertebral al estar tan cerca de tan hermoso ejemplar de tigre.
El Tigre dio un paso atrás pensativo y empezó a balbucear:
YO soy..., yo soy....y mientras decía esto, el tigre, que sabía que las cabras desconfiaban mucho de los de su especie, pensó en una mentirita piadosa y dijo con firmeza:
- Yo soy un gato.
Entonces la Cabra pensó que al Tigre no le iba a gustar mucho estar una cabra y antes que éste preguntase, dijo rápidamente:
- Yo soy un perro.
Y de este modo un tigre que se hacía el gato, y una cabra que trataba de pasar por perro se encontraron por primera vez.
Pasaron los meses y el amor iba en aumento, hasta que llegó el día que se dijeron casi al mismo tiempo.
- Ya no puedo vivir si ti, quiero compartir mi vida contigo, quiero que vivamos juntos.
Y el tigre y la cabra se fueron a vivir juntos.
Era casi cómico verlos en su nuevo hogar. El tigre haciendo de gato y tratando de comer las verduras y las papillas que tanto le gustaban a la cabra.
Cada tanto el Tigre miraba la vida que llevaban los otros tigres, se ponía un poco triste y se decía:
- Tengo que lograr ser un gato, es más soy un gato que le gusta comer verduras y papillas, y quedarse en su hogar. Incluso llegó a poner cartelitos por todos lados que decían "recuerda que eres un gato".
La Cabra, por su parte, y desde el profundo amor que tenía, trataba de ser un fiel perro guardián del hogar. Pero era inevitable: a ella le gustaba el sabor de lo lejano. Siempre la siguiente colina parecía tener el prado más verde y hacia ahí quería ella salir corriendo, aunque no lo hacía. Se quedaba en el hogar entristecida cada vez más mientras esperaba a que el Tigre volviese.
Un día, como tantos otros, el Tigre se había tirado, como un minino, delante del hogar a leña y recordaba la selva, con todos sus peligros. Recordaba su vida llena de momentos de entusiasmo súbito, visiones instantáneas, planes gigantescos y estrategias inteligentes donde él se lucía con todo su porte. Fue entonces que recordando una de sus tantas aventuras se le escapó un suspiro.
En ese momento la cabra lo escuchó, y le preguntó qué le pasaba. El habló vagamente de la selva y de las bellezas que contenía, y al ver que la cabra escuchaba atentamente, el tigre terminó afirmando que la selva era el mejor lugar para que los gatos y los perros fuesen a buscar diversiones.
No le fue difícil convencer a la cabra, que le gustaba todo lo novedoso, para que lo acompañara a la Selva. Pero todo fue un desastre. No bien entraron en la espesura, aparecieron los primeros peligros y mientras el Tigre se relamía pensando que por fin empezaba un poco de acción para desentumecer sus músculos, la cabra se asustó tanto que salió corriendo hacía la primer colina que vio. Allí se quedó escondida atrás de un pequeño arbusto, hasta que el Tigre la encontró temblando y la llevó al hogar.
Siguió pasando el tiempo y la añoranza y la tristeza que iban penetrando profundo en el interior del tigre sólo era comparable a lo que le sucedía a la cabra. Ella seguía quedándose en la casa esperando que su majestad volviese, mientras refrenaba sus impulsos naturales de salir corriendo atrás de cualquier cosa que llamase su atención. Su innata curiosidad no sólo estaba presente, sino que aumentaba constantemente. Ella también suspiraba por lo que no tenía. Le hubiese encantado salir corriendo hacía el prado y charlar con otros animales, pero no lo hacía pues sabía que esto sacaba de sus cabales al celoso Tigre, que veía por todos lados a galanes pretendiendo a su cabra.
No era difícil imaginar el futuro de la relación: El tigre, luego de haber tratado de vivir su día como un gato, volvía a la noche cansado y de mal humor, y se encontraba con la cabra, que había estado encerrada todo el día, tratando de vivir como un perro y con un humor tan malo como el del Tigre. Alcanzaba un pequeño gruñido del tigre para que la cabra se pusiese loca. Alcanzaba algún pequeño desliz de la cabra para que el tigre rugiese.
Así pasaron los años.
La cabra se recriminaba:
- He tratado de ser todo un Perro para agradarlo, pero es inútil este tigre nunca termina de convertirse en un buen Gato.
El tigre también sentía lo mismo que ella. Había tratado de vivir como un gato. Se había entregado a esa cabra creyendo que se iba a comportar como un perro, y ahora se daba cuenta que era inútil. Lo único que había logrado era tener una cabra triste y rezongona.
Hasta que un día, casi ya sin fuerzas la cabra que quería ser perro y el tigre que quería ser gato, se miraron a los ojos como el primer día, pero esta vez en vez de luz encontraron sus miradas perdidas, tristes, y se dieron cuenta que contra la naturaleza no se puede ir. Finalmente desde todo el amor que todavía se tenían, se separaron.
Así de a poco la Cabra se redescubrió y reencontró con su verdadero ser, volvió a ser ella misma:
Recuperó su belleza, disfrutó de su plena libertad, volvió a ser creativa, disfrutó de naturaleza pacífica, de sus sueños. Buscó y encontró la seguridad que necesitaba en su hogar, desde el cual podía salir a saltar a gusto y sin peligro por los campos verdes. Y finalmente pudo tomarse todo con calma, pues ella valoraba la tranquilidad.
Por su lado también el Tigre se reencontró con su verdadero ser.
Así fue pasando el tiempo para el Tigre y para la Cabra, hasta que un día se encontraron frente a frente. El miró de nuevo a esos ojos cargados de luz, y le dijo:
- Yo soy un Tigre.
Y ella sin esperar que él preguntara, contestó, mientras también lo miraba fijo a los ojos, también llenos de luz:
- Yo soy una Cabra.
Y se fueron felices caminando juntos por un sendero. El Tigre le hablaba de sus historias de la selva, mientras la Cabra le contaba de la última flor que había descubierto en un nueva colina.

(fin del cuento).

La nota adjunta:
Su texto es el siguiente: Dicen algunos que esa noche, mientras el tigre dormía profundamente, de pronto la cabra, que había estado todo el día corriendo por los prados, se le acercó sigilosamente y se acostó a su lado. Dicen que el tigre sintió el calor de su cuerpo y sin siquiera despertarse, levantó su pesada pata y la dejó caer suavemente sobre la cabra. Y finalmente dicen que ella suspiró feliz y se durmió junto al calorcito protector de ese Tigre. Pero eso, son sólo rumores.

Comentario final de esta redacción:
Con esto hemos cumplido con lo solicitado en la carta. Esperamos que hayan disfrutado "el cuento" y que lean sobre astrología China, pues creemos que puede serles de utilidad.


Revista Crecimiento Interior Nº 45, Año 5, Julio de 1998.

Autor: Dr. Dino Ricardo Deon.







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